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Pablo Milicua
"Cabezas, pinturas y máscaras"

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Pablo Milicua
"Cabezas, pinturas y máscaras"

Pablo Milicua comenzó como pintor influido por Salvador Dalí, el Pop Art y los tebeos, su obra evolucionó hacia formas más objetuales y escultóricas a finales de los años 80. En esta fase inicial incorpora materiales cotidianos y fragmentarios para construir estructuras complejas de mosaicos y acumulaciones que trascienden la pintura tradicional.

La piedra angular de su práctica es la recolección de materiales significativos: piezas fragmentadas, objetos encontrados, fragmentos visuales que posteriormente son reordenados en narrativas visuales mediante técnicas de ensamblaje y collage. Este proceso se puede entender como un método donde “destrucción y creación” se articulan en una suerte de arqueología simbólica y poética.

Una parte sustancial de su producción reciente son los collages de gran formato elaborados con fotografías en blanco y negro de publicaciones de los años 50 y 60. Estos collages no representan escenas reales, sino paisajes imaginarios que remiten a tradiciones pictóricas clásicas —como las de Bruegel, Bosch o Patinir— reconfiguradas en clave contemporánea. Esa mezcla de memoria, fragmentación y espacio mental sitúa su obra en un discurso que entrelaza surrealismo, cultura popular y pensamiento visual. La escultura de Milicua, especialmente su trabajo de mosaico acumulativo, ha sido descrita como posicionada entre el kitsch y otras referencias culturales (p. ej., ecos de Gaudí o de estéticas barrocas y populares). La acumulación de objetos, a veces con un tono irónico o políticamente incorrecto, cuestiona qué es arte y qué puede ser reconocido como tal .

La obra de Milicua incorpora objetos y fragmentos cotidianos para transformarlos en estructuras complejas con lecturas múltiples. Este gesto —aproximarse a los objetos con la mirada del arqueólogo cultural— sitúa su producción en una posición crítica frente a la modernidad tardía y la cultura de consumo: no se trata solo de coleccionar, sino de reinterpretar y reorganizar el pasado.

Sus exposiciones suelen estructurarse como conjuntos narrativos o instalaciones museográficas, donde cada obra funciona como una pieza de un relato mayor. Esta forma de montar exposiciones —con frecuencia comparada metafóricamente con un gabinete de curiosidades— pone énfasis en la mirada del espectador como parte activa del significado.

 

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