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La pintura de Bonifacio y la poesía de James Schuyler en LB Arte del Siglo XX |
Presentación de libro: Himno a la vida de James Schuyler
Exposición: Bonifacio. Pintura
Fecha: del 24 de febrero al 20 de marzo de 2006
Horario: lunes a viernes de 11 a 14 h. y de 16,30 a 20,30 h. y sábado de 11 a 14 h.
Nos complace presentarle el nuevo volumen de la colección de poesía y pintura El lotófago, que hace el octavo dentro de un itinerario que dio comienzo hace un año y que ha obtenido el reconocimiento tanto de la crítica como de los lectores más exigentes. Himno a la vida conjuga esta vez, en traducción de Mario Jurado, la obra del poeta norteamericano James Schuyler (1923-1991), miembro de la denominada Escuela de Nueva York de poesía con John Ashbery y Frank O'Hora, con la pintura de Bonifacio (San Sebastián, 1933), quien presenta una amplia y reveladora muestra de su obra en la Galería Luis Burgos de Madrid (Villalar, 5) desde el 24 de febrero.
James Schuyler (1923–1991) nació en Chicago, aunque vivió desde muy niño en Buffalo y Washington D. F., entre otras ciudades. Asistió a la universidad en Virginia pero no completó los estudios al ser llamado a filas en la Segunda Guerra Mundial. Más tarde se marcha a Italia, donde ocupará el puesto de secretario de W. H. Auden.
En los años cincuenta, de vuelta en Estados Unidos, entra en relación con los jóvenes poetas John Ashbery, Kenneth Koch y Frank O’Hara, los cuales, junto con el propio Schuyler, conformarían más tarde la denominada Escuela de Nueva York de poesía. En esos años, sin embargo, Schuyler se concentra en la ficción; en 1958 publica la novela Alfred and Guinevere, y once años más tarde A Nest of Ninnies, escrita en colaboración con John Ashbery.
En 1969 Schuyler publica el primero de sus cinco libros de poemas, uno de los cuales, The Morning of the Poem, recibió el premio Putlizer en 1981. Del conjunto de sus poemas destaca «Himno a la vida», broche final al libro epónimo de 1974, un poema extenso, en verso whitmaniano, construido con digresiones redobladas, donde la observación de un detalle de la realidad nos lleva a otro por medio de una leve conexión léxica o un eco fónico, tenues enlaces que el poema persigue y explora. Esa animada captura del detalle (de los fenómenos meteorológicos, de mínimos pormenores botánicos) se produce en el insospechado ámbito de la tranquilidad doméstica, en la que el poeta busca –y logra– preservar la gracia inmanente del momento. Esa gracia de la que la obra de Schuyler, revelándola, participa.
El pintor y grabador Bonifacio Alfonso nace en San Sebastián en 1933. Su formación se realiza en la Asociación Artística Guipuzcoana y en la Escuela de Artes y Oficios de San Sebastián. Realiza su primera exposición individual en 1958 en el Ateneo de Guipúzcoa. Tras una etapa en la que trabaja como grafista y músico de jazz en Bilbao, se dedica desde 1968 definitivamente a la pintura y al grabado, fecha en la que comienza su relación con la galerista Juana Mordó. Vive y trabaja en Cuenca, ciudad donde realiza las vidrieras del ábside de la catedral en 1989. Su obra, de formas dinámicas, es formalmente próxima al expresionismo abstracto y al grupo Cobra, presentando afinidades con artistas como Alechinsky, De Kooning y Roberto Matta.
En sus abigarradas composiciones aparecen formas biológicas, mecánicas, estructuras geométricas entrelazadas que se reparten por todo el lienzo. Ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas en España, entre las que cabe citar «La Trama del Arte Vasco», realizada en el Museo de Bellas Artes de Bilbao en 1980, así como en el extranjero: Alemania, Italia, Dinamarca, Noruega y Suiza.
Sobre la poesía de James Schuyler:
[...] De alguna manera ha conseguido emplear el completo arsenal de todo el modernismo estadounidense y europeo, desde el minimalismo del doctor W. C. Williams hasta las maravillosas aberraciones de Wallace Stevens y los surrealistas franceses, y a pesar de eso seguir escribiendo en lo que Marianne Moore denomina «la claridad del inglés americano, que hasta los perros y los gatos pueden entender». Su poesía es comprensible, maldita sea, y además lo es sin falsificar o simplificar con ello la intimidante complejidad de la vida tal como se vive hoy. [...] Les dejo con un poeta que sabe el nombre de las cosas y que nos demuestra algo con ello.
Del Epílogo de John Ashbery
El viento posa su mejilla en la tierra y siente su frescor húmedo
y levanta la cabeza con pequeñas ramas y briznas de hierba seca
pegadas a ella como la arena que te quitas al levantarte
en la playa. El día es fresco y dice "Sólo me quedaré hasta mañana".
El mundo está lleno de música y, entre la música,
y alternando con el silencio, toda suerte de sonidos, naturales y humanos:
se oye un avión, algunos coches, gansos que graznan, y, no aquí, pero tampoco
lejos, un grito tan desgarrador que oírlo supone no ser
ya el mismo nunca más. "Vaya, esto parece el infierno." Surgen aquí, de la tierra
que emana muerte, emblemas de inocencia, amarilis que se empeñan con soltura
en vivir e inclinar su blanco esmalte hacia la tierra, y entre la hierba amarillenta
hay pequeños azafranes silvestres de los montes a los que las cabras han llevado
casi a la extinción. Los bulbos que llegaron por correo, ya plantados, hacen
lo que mejor saben: vivir, vivir [...]
Con este número 8 de El lotófago estrenamos nuevo diseño y maquetación, siguiendo nuestra voluntad de aunar poesía y pintura en ediciones cuidadas y al tiempo asequibles.
A comienzos la primavera verá la luz el número nueve de la colección, en el que presentaremos la pintura del artista italiano Concetto Pozzati y una selección de la obra última del poeta, crítico y traductor Jenaro Talens (Tarifa, 1946), una de las figuras indiscutibles de nuestra poesía actual.
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