José Luis Zumeta
(Guipúzcoa, 1939)

José Luis Zumeta comenzó desde pequeño a coquetear con la pintura gracias a los “garabatos”, o una serie de dibujos sobre lo que veía y que a veces le reportaban un duro cuando alguno le salía bien. Pese a que los frailes de su colegio le propusieron quedarse ahí a trabajar, Zumeta tenía en mente otros planes, en concreto, viajar a París. Desde los quince años había decidido ser pintor y el conocimiento de Cezánne, Paul Klee, etc. en la imprenta en que comenzó a dibujar, le llevó a estudiar en la Escuela de Artes y Oficios y en la Asociación de Artistas en Guipúzcoa, lo mismo que el obtener en 1958 la Medalla de Oro Nacional en el Concurso de Pintura Joven de Madrid, hubieron de empujarle a tomar la decisión de salir de España en 1959.

Un año después retorna al País Vasco, donde cada vez que acababa un cuadro se dice que tiraba un cohete, y trabaja con el escultor Remigio Mendiburu. Por entonces se inclina por una abstracción líquida que, más que el valor en sí, pone de relieve su capacidad para hacer de la abstracción un mundo. En ese planteamiento teórico opta por una depuración absoluta, por el uso de colores puros y, en palabras de José Luis Merino, por unas “franjas horizontales, [en las que] los colores chocaban unos con otros. (...) En aquellos días, Zumeta no podía ver ni admitir en sus cuadros líneas verticales ni líneas oblicuas. Todo era pasmo horizontal”. Avanzando un poco en el uso de la materia, pasó luego a una pintura más gestual en la que forma y color se funden para crear un mundo abstracto.
           
Desde ese momento comienza una infatigable búsqueda expresiva que se ve “premiada” con sus primeras exposiciones individuales. Mientras vivía en Ibiza, Estocolmo y Londres fue madurando, como bien describe Merino, una idea central: “alguien ha dicho que lo importante de un pintor no es la visión de la realidad, sino más bien la realidad de su visión. (...). Descubrimiento fundamental para lo que será en adelante el mundo zumetiano. Imaginariamente  podemos ver cómo se han grabado a  fuego dentro del propio Zumeta esas palabras fundamentales: el artista tiene que ceder la iniciativa a las formas y a los colores...”. En síntesis, será ahora el color el responsable de la forma. Estamos en un momento de aprendizaje de las técnicas elementales del arte abstracto.
           
El año1965 funda, junto con Oteiza, Chillida, Mendiburu, Basterretxea, Balerdi, Arias y Sistiaga el “Grupo Ur” (1965) y un año después el grupo Gaur, con el que realizó varias exposiciones colectivas, y que, con el tiempo, el artista reconoce que se trató de un momento “romántico”, por su contenido político, que sigue manteniendo de forma evidente, y la apertura de mentalidad que supuso para el resto de gentes. Dos años más tarde recibe el Primer Premio de Pintura Vasca por el cuadro Homenaje al Guernica de Pablo Picasso. Más tarde expone en Bilbao en la Galería “Grises” con unas trabajos que eran relieves, ocupaban una tercera dimensión, como si el vacío, lo absoluto, se comprendiera o intentase comprender dentro del obra, a modo de una “topografía” u obra arquitectónica.
           
En un ámbito más familiar hay que recordar que en 1964 se casó en Londres, en el sesenta y cinco tuvo una hija, un varón un año después y en 1969 su último hijo. Mientras, Zumeta continúa con su carrera artística, dentro de la cual lo más significativo es el mural público que le encargan en Irún. De ahí en adelante trabaja sin descanso, con un entusiasmo que le lleva a la sorpresa constante. Una vitalidad que empleaba como medio para saber cuándo había de poner fin a una cuadro. Durante la década de los setenta no cesa su actividad, pero destaca el encargo de un mural público en cerámica de 145 metros cuadrados en Usúrbil, en el que se percibe la unión de los colores opuestos como camino a la esencialidad, y el empleo, por el relieve que ofrece, del ladrillo.
           
De ahí en adelante comienza a pintar cuadros con masas de color que se desea que se acompañen sin destacar, con el uso del negro como fondo. En 1975 puede decirse que Zumeta, insistiendo en sus ideas, alcanza sus hitos pictóricos. Entre ellos destaca un edificio entendido como summa de 395 X 195 cm..Todo ello no le impide contemplar su obra, criticarla y procurar que evolucione, en este caso, entrando en lo que se conoce como la “etapa de los grises”, el gusto por los tonos fríos, en la que Zumeta experimenta con gestos pequeños y un orden matérico distinto al anterior, con un gusto por los trazos y colores vivaces a fin de ganar en terrenalidad, contrastando lo feo como complemento de lo bello. Comienza de nuevo una época de viajes para mostrar este viraje que culmina con el encargo en 1976 de un mural de cerámica en la Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa y un año después con el encargo del Ayuntamiento de San Sebastián una  obra que realiza para el parque Amara, si bien nunca llegó a colocarse, luego a Barcelona, Pamplona, Tenerife, Alemania, Madrid, etc. Lo figurativo comienza a ganar terreno, pero sin dejar de lado la libertad a la hora de manipularlo. Como asevera Merino: “El hombre sólo es la mitad de sí mismo;  la otra mitad es su expresión”. Tampoco debe olvidarse cómo es en el 76 cuando comienza su etapa “en gris”, interesado por un realismo social y una revisión del estado de la cuestión de la pintura vasca. 
           
A partir de aquí comienza a trabajar con materiales pobres y emplea unos cartones para embalar y pintura al temple (que se seca rápido y permite dar cauce a la impaciencia). Se trata de un momento de gran creatividad inspirada por el mismo hecho de pintar. Asimismo, es obligatorio hablar de sus cincuenta cartones en los que se sintetizan buena parte de sus claves, incluida la de la importancia del azar en la ejecución pictórica y síntoma de libertad creativa absoluta, en especial en lo que hace al color. Con él Zumeta consigue crear narraciones, juegos, vínculos poiéticos que sitúa al que contempla en un creador de nuevos relatos internos. Como no podía ser de otra manera los expuso en diversos lugares de la península y Francia. Se trataba de un camino fructífero pero que cesó y el pintor hubo de recorrer otros senderos, si bien siempre dentro ya de mundo.    

En 1985 se le otorga el Primer Premio de “Pintura vasca”. Desde entonces el trasiego de un sitio a otro se impone con la muestra de su obra en Frankfurt y Colonia (“Moderne Baskische Kunts”), “Homenaje a las víctimas del franquismo (Madrid, 1990), exposiciones en Evanton, la Galería Epelde & Mardaras, en Biarritz, en Vitoria, etc. Su obra está representada en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, el Museo de Bellas Artes de Álava, el Museo San Telmo (San Sebastián), en el Museo de Arte e Historia de Durango, en Tenerife, en el Parlamento Vasco, el Museo Artium, etc.

(Biografía extraída en su mayor parte del libro Zumeta. Retrospectiva / Atzera Begira), País Vasco, Gobierno Vasco. Departamento de Cultura y Turismo, 1989)