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Pintor, grabador
y escultor, Tàpies destaca dentro del marco pictórico
del siglo XX como una de las grandes figuras de su generación
y de gran proyección internacional. A finales de los años
cuarenta es considerado precursor del arte povera debido a su recurrente
experimentación en el campo de los materiales y su constante
investigación. Junto a Joan Ponc, Cuixart, Brossa y Tharrats,
fue cofundador del grupo Dau al Set en 1945. Su obra, que
en sus inicios se presentaba con una fuerte carga expresionista,
se baña entonces por el surrealismo mágico con un
repertorio iconográfico que trae a la memoria la pintura
de Paul Klee y Max Ernst.
En 1950 se traslada a París becado por el Instituto Francés,
lo que le posibilita familiarizarse con la obra de Fautrier y
Dubuffet. Este aprendizaje le orienta hacia una indagación
matérica aún más trascendente. Tapiza su obra
de incisiones y relieves que le permiten crear un universo espacial
en el que sobresale un excelente dominio de la composición.
Hace su aparición el grafismo, convirtiéndose en uno
de los elementos definidores de su creación.
Hacia mediados de los años cincuenta el informalismo invade
su universo plástico para dar lugar a una serie de composiciones
de gran formato, a modo de grandes murales, sobre los que el artista
deja fluir su imaginación. La obra de finales de los setenta,
e incluso la década siguiente, recoge la inclusión
de algunos elementos figurativos espaciados que conllevan una simbología
político-social escondida.
Tápies destaca asimismo como grabador y muralista.
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