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Juan Serrano
intentó compatibilizar los estudios de Veterinaria (que cursó
en Córdoba) con los de Bellas Artes, para lo que llegó
a matricularse de ingreso en la Escuela sevillana.
Voraz lector
de DOMUS, se contagió del entusiasmo de la revista italiana
por la idea de la integración de las artes que preconizaba
Gio Ponti, su director entonces, y por las posibilidades de la cerámica
como vehículo difusor del arte moderno que alcanzó
también a Picasso, embarcado en la realización
de platos y escudillas en el taller Madoura de Vallauris, por lo
que decidió viajar, durante el verano, hasta Andújar
para aprender las técnicas del barro cocido. Se concentró
en el proceso final de este oficio y en sus esmaltaciones se percibe
un compartido interés por los planteamientos espacialistas
y geométricos y una cierta alegría colorística.
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