FERNANDO Y VICENTE ROSCUBAS
Palma de Mallorca, 1953

Se trasladan a Bilbao con sólo cuatro años y comienzan su trayectoria artística a principios de los 70. Se abría así una dilatada trayectoria de trabajo en común por parte de estos hermanos gemelos, quienes a lo largo del tiempo han firmado conjuntamente, en otras ocasiones de forma separada, pero siempre compartiendo espacio en cada exposición. La unión, entre ambos, es, por tanto, más que notable.

Los Roscubas son hijos del posmodernismo, es decir, que han tomado como campo de influencia tanto la pintura clásica, como la publicidad, el arte lúdico de aquellos años, es decir, el pop art, un dadaísmo que resurge de sus cenizas, e incluso, y por qué no, el Kistch, propuestas todas ellas aspirantes a bajar del pedestal la creación para ponerlas al alcance de todo el público o, dicho en otras palabras: “La pregunta en último extremo era qué pudiera ser el arte y seguir llamándose como tal. Hacer del arte un acto cotidiano y arte del hecho de cada día, se convirtió después de la segunda gran guerra en algo más que un programa”.

Pese a este ideario, en el que se iba en contra de trabajo artesanal o se abogó por el antiarte, los Roscubas trabajan con suma seriedad todo lo referente a los materiales empleados y procuran renovarse de forma continua. Es decir, que, conscientes de que la etimología de “arte” alude a una técnica o modo de trabajo, nunca han renunciado a este elemento de la expresión artística. Algunas de sus técnicas empleados ha sido la de “all over”, que consiste en trabajar en “un espacio indeterminado, uniformemente cubierto de pintura, de líneas grabadas, de fotos, de transformaciones con disolvente, de tipografía o de objeto, todo ello colocado sin ningún tipo de énfasis compositivo, de forma que a menudo parece como recortado de una superficie más amplia”. Se apela así al concepto de fragmento y fragmentación tan propios de la posmodernidad, en la que un pedazo de algo se convierte en el todo al que deberían pertenecer.

Otro rasgo por el que han apostado ha sido el empleo de un solo color, del monocromo, pero siempre, como se dijo, realizando un trabajo casi artesanal y con un perfecto acabado, al igual que por el uso de piezas dispuestas en pequeñas maderas que, si bien antes se pintaban, ahora se tratan por ordenador. En efecto, la informática tiene en su trabajo una presencia creciente. Asimismo, han heredado del pop de Estados Unidos la técnica del “dripping”, han bebido igualmente del expresionismo abstracto y del arte conceptual, de acuerdo con su visión de la obra como “concepto” o “proyecto”. En suma, “repetición –o trabajos en serie a fin de ir matizando la obra–, acumulación, superposición” conforman el conjunto de elementos con los que trabajan y sobre los que se experimenta de manera seria y rigurosa.

Pero volviendo a ese margen de su obra social, urbano, lo Kitsch o la publicidad. ¿Cómo ignorar esta, con su carácter fulgurante y que aspira a influir? La  postura de los hermanos Roscubas es crítica, pero no por ello la obvian en sus obras. Tal y como se ha apuntado sus dos obras paradigmáticas en este sentido son “La fabada es una cuestión de vida o muerte”, en donde contemplamos la alineación de objetos de consumo creando filas de cuadrados o “El mes se presta para reuniones y fiestas”, en donde aquí la acumulación nos instala en un paisaje metafórico de figuras de rostros tirados por el suelo, entre los cuales algunos están incorporados y envuelven el todo de una aparente dulzura.

(artículo basado en diversas entrevistas en periódicos y en las monografías Roscubas. Con-figuraciones. Un paseo por el Serengetti y Fernando & Vicente Roscubas)