Inscripciones: " En Viernes Santo (Madrid). F. Pradilla Ortiz. Año 1908" (al dorso). Etiqueta de papel pegada al dorso en la que figura el siguiente texto: "Junta de Incautación, Protección y Conservación del Tesoro Artístico Nacional. Madrid. nº de inventario: 20875. Procedencia: Hipódromo 42. nº Colec: 7". |
Tal como hemos mencionado al tratar del cuadro, "Así transcurre la vida", también de 1908, a éstos cuadros debe referirse Pradilla en la carta que envía a Don Ramón de Aburto el día 19 de Abril del mismo año 1908, cuando escribe: "Aprovecho la innagotable cortesía de mi queridísimo amigo Don Luis para enviar a V. muy cumplidas gracias por todo, alegrándome saber que los cuadros han agradado a su Señora (c p b) y confío que también a su familia y amigos". El interés de Pradilla por los temas madrileños, que poco a poco y a lo largo de la segunda década del siglo xx se irá intensificando, puede tener uno de sus primeros ejemplares en el cuadro que nos ocupa, titulado por el mismo Pradilla como En Viernes Santo. Madrid. De su dedicación a esta temática de Semana Santa nos da testimonio el mismo pintor cuando escribe a Ramón de Aburto el día 24 de Abril de 1913, "Tuve un gran disgusto al saber que en mi ausencia vino V. con un amigo a enseñarle sus cuadros!. Había yo salido a continuar unos apuntes que hice de las festividades de Semana Santa". En este caso, más que una pintura de costumbres, se trata de un retrato. Una mujer, todavía joven, de poco más de medio cuerpo, cubierta con un abrigo oscuro sobre el que destaca una especie de bufanda de color rojizo, lleva en su enguantada mano derecha un libro devocionario encuadernado en piel roja ricamente dorado en los planos. De facciones ligeramente duras, pero no exentas de belleza, de ojos penetrantes, la cabeza de la mujer destaca sobre los fondos oscuros, ayudando a volumetrizar la figura el tocado floral que lleva sobre su rizado pelo castaño claro que se cubre con una mantilla de madroños. Una segunda figura femenina se advierte tras la mujer. Desde el punto de vista técnico, y como nos tiene acostumbrados el pintor aragonés, la obra presenta un manchado impecable en cuanto a la agilidad de trazo y combinaciones crómaticas que resultan de gran simplicidad y efectividad resolutiva, impregnada de hallazgos plásticos.
Como ya hemos repetido en distintas ocasiones, en el género retratístico Pradilla huye del encargo formal y reserva prácticamente esta actividad para personajes familiares y amigos. Esta pintura que ahora nos ocupa, nos recuerda a otro retrato, titulado al dorso como Retrato de la hermana del pintor, pero no autógrafo, firmado y fechado por Pradilla en Madrid en 1906 (RINCÓN, 1999, cat. núm. 260). La composición de ambas obras tiene elementos similares, y advertimos cierto parecido entre los rostros de las mujeres retratadas, por lo que podríamos pensar se tratase del mismo modelo, aunque la indumentaria sea distinta, ya que en el cuadro conocido como La hermana del pintor, la mujer viste de negro y aparece tocada con una mantilla negra. |