Inscripciones: "Francisco Pradilla Ortiz. Madrid" (al dorso). En un papel, al dorso: "Retiro de las Musas. Las Musas, desdeñosas por verse desdeñadas en tiempos de fanatismo utilitario, se retiran al Helicón (Boceto)". Etiqueta de papel pegada al dorso en la que figura el siguiente texto: "Junta de Incautación, Protección y Conservación del Tesoro Artístico Nacional. Madrid. nº de inventario: 20877. Procedencia: Hipódromo 42. nº Colec: 9" |
Si el paisaje de las Paludes Pontinas atrajo el interés de Pradilla, ejecutando numerosas y variadas pinturas con las que quiso captar cada uno de sus singulares paisajes, no le será menos querido el paisaje de Vigo, particularmente su impresionante ría, que llevará en distintas y numerosas ocasiones al lienzo. Si el cuadro que hemos visto con anterioridad, y correspondiente al mismo año, es La mañana, este que nos ocupa se titula por el propio pintor, al dorso, como La tarde y amplía el contenido de su título indicando: "Catedral verde; efecto de cipreses sobre la ría de Vigo = (España), al trasponerse el sol. Año 1916. Desde sus años de juventud visitará Pradilla asiduamente Galicia, y será Vigo un lugar de visita obligada en sus desplazamientos. No olvidemos que su mujer, Dolores González del Villar, con la que contrajo matrimonio en Lugo el día 29 de Enero de 1878, había nacido en esta ciudad coruñesa. Pradilla, que gustaba de incluir el elemento humano en sus composiciones, en muchas ocasiones, probablemente, para establecer planos y poner de manifiesto las dimensiones del espacio natural, anula en esta ocasión toda referencia al ser humano para empeñarse en "retratar" el paisaje, un singular paisaje de atardecer. Como en ocasiones, Pradilla dispone perfectamente los tres planos. En el primero, el más cercano, la tierra, con una verde pradera y unos enhiestos cipreses. Recordemos que Pradilla titula a este cuadro "Catedral verde; efecto de cipreses sobre la ría de Vigo = (España), al trasponerse el sol", dando importancia a esta masa vegetal. En los planos intermedios, el agua de la ría de Vigo, calma, con los reflejos de los cambiantes cielos. Por último, el cielo, que se recorta entre las montañas del fondo de la bahía, con nubes y sobre todo, las luces de fuego. Estos paisajes, aunque fueran los únicos en la producción de Pradilla, servirían para que se granjeara el título de paisajista que tanto se merece. |