El Día Del Corpus Christi en Italia
Acuarela sobre papel, 78 x 56 cm
Firmado y fechado: "F. Pradilla Ortiz. Año 1909"

Inscripciones: Etiqueta de papel pegada al dorso en la que figura el siguiente texto: "Junta de Incautación, Protección y Conservación del Tesoro Artístico Nacional. Madrid. nº de inventario: 20883. Procedencia: Hipódromo 42. nº Colec.: 11"

Esta magnifica acuarela, sin lugar a dudas, una de las obras más destacadas en la producción de Pradilla, no sólo en lo que corresponde a la acuarela sino también en lo que se refiere a la pintura al óleo, fue titulada en un primer momento por Pradilla como Vejez: tipo italiano, tal como hace constar en el recibo de la misma: "Quintana-36 Madrid. He recibido del Señor D. Ramón de Aburto la cantidad de "quince mil pesetas" por mi pintura a la acuarela pura, sobre papel de 78 centímetros por 56 centímetros y titulada: "Vejez: tipo italiano". Firmo en Madrid, 2 de Mayo de 1909. Francisco Pradilla Ortiz. =Son 15.000 pesetas=".

Por otra carta del mismo Pradilla, pocos días posteriores al recibo que hemos transcrito, nos han llegado las circunstancias de su envío desde Madrid a Bilbao, la elección y el resultado final del marco, del gusto del pintor y el cambio del nombre del mismo. Por su interés, transcribimos igualmente esta carta fechada en Madrid el día 13 del mísmo de Mayo del 1909: "Quintana-36. Madrid 13.5.909. Señor D. Ramón de Aburto. Bilbao. Muy estimado amigo: Conforme anunciaría a V. Don Luis, con esta fecha remito a su nombre de V, Bilbao, por gran velocidad la caja conteniendo la "Acuarela" en su marco dorado, deberá V, recibirla por medio de la Casa comisionista de esa ciudad Janke Hermanos; (caja y embalaje pagados ya aquí por mi; porte y seguro a pagar). El envío vá asegurado en 2.500 pesetas. Al abrir ó desatornillar la tapa, facilmente se comprenderá como deben desatornillarse los listones de madera que sujetan el cuadro, los cuales, con la caja, debe V. disponer que se conserven en lugar que no sea demasiado seco para el día en que deba volver a la exposición que tenemos proyectada. Hice construir el bello marco que V. vé, pero no me gustó la pátina que le dieron y lo he vuelto a patinar yo mismo y dado una especie de esmalte a los fondos, porque así armoniza por completo con la pintura. Como V. leerá en el respaldo del cuadro, he cambiado el título dado a la pintura, que escribí en el recibo que entregaría a V. Don Luis; De esta manera tiene V, "El Viernes Santo en Madrid" y "El día del Copus Christi en Italia", formando así el mejor "pendant". No puede V. imaginar cuanto me alegro que tal acuarela sea de su propiedad de V. porque es mi favorita, y vanidad aparte, no tiene par hasta el día de hoy en el mundo, en su genero, bien entendido, ni soy quizá capaz de dárselo. Hay que tener en cuenta que es además acuarela pura y por lo tanto modelo único en este tipo de Arte. Me atrevo a afirmarlo rotundamente. Siendo de su propiedad me hace el efecto de que no ha salido de la mía, según el cariño que a V.V. profeso y la grande amistad de que soy deudor a sus repetidas bondades para conmigo. Con la esperanza de que mi nueva obra sea del agrado de su familia y amigos queda de V. agradecido y reconocido su buen amigo y afmo. SS q.b.s.m. Francisco Pradilla. Cuando venga V. por la Corte cambiaremos el recibo de este trabajo, o sea, su título. Entre tanto auguro a V. y a su familia perfecta salúd".


Detalle de las manos de la modelo en las acuarelas Vejez y El día de Corpus Christi en Italia

La información que nos facilita esta carta, respecto al envío de la obra, se completa con otra, fechada tres días más tarde: "Quintana-36. Madrid 16.5.909. Señor D. Ramón de Aburto. Bilbao. Mi distinguido y querido amigo: Apenas recibí anoche su Telefonema me personé en el "Continental Expréss" (Carrera de S. Jerónimo) donde con la mayor frescura me dijeron que la caja-acuarela no habian podido enviarla hasta la tarde del Viernes, y que hoy Domingo la recibiría V. De nada sirvió decirles que para acelerar la expedición en la estación me servía de la Agencia suponiendo que tenía allí agentes para la carga ó embarque, en vez de hacer directamente el envío. Todo lo que me dijeron es que V. reclame a la Casa Corresponsal de Bilbao Sres. Janke Hermanos, si la expedición no se ha hecho corrientemente. Yo aquí nada puedo hacer más por el momento. Imagine V. con que simpaciencia quedaré esperando noticias de la llegada de la caja. Lo mísmo me sucede con otro envío que hice a París el mísmo día. Hay que huir de semejante agencia!. Con la esperanza de que al fin llegue bien a su poder y esperando sus noticias, se repite suyo amigo afmo. q.b.s.m. Francisco Pradilla".

A propósito de la primera de estas cartas, querríamos destacar el párrafo quinto: "No puede V. imaginar cuanto me alegro que tal acuarela sea de su propiedad de V. porque es mi favorita, y vanidad aparte, no tiene par hasta el día de hoy en el mundo, en su genero, bien entendido, ni soy quizá capaz de dárselo. Hay que tener en cuenta que es además acuarela pura y por lo tanto modelo único en este tipo de Arte. Me atrevo a afirmarlo rotúndamente. Siendo de su propiedad me hace el efecto de que no ha salido de la mía, según el cariño que a V.V. profeso y la grande amistad de que soy deudor a sus repetidas bondades para conmigo".

Las referencias a la técnica y a la bondad e importancia de la obra en la producción del propio artista nos hace recordar unas frases de otro aragonés inmortal, Francisco de Goya y Lucientes, en carta escrita al general José de Palafox el día 14 de Diciembre de 1814: "Tengo la satisfacción de haber acabado el retrato de V.E. y aunque con muchos trabajos por la escasez de colores y aceites adulterados que no dejan secar los colores si no llevan mucha proporción de extracto de saturno, con todo, es la mejor obra que de mis manos ha salido, quisiera fuese tanto del gusto de V.E. como el mío", insistiendo poco después, en otra carta "El cuadro será jefe de mis obras en la posteridad".

En las monografías que le hemos dedicado al pintor en 1987 y 1999 incluimos esta acuarela (cat. núms. 210 y 478, respectivamente), ya que disponíamos de una fotografía de la obra, de la colección del propio artista. Entonces la titulamos Una vieja ó La dueña. Sin embargo, al no estar completa la fotografía, pues le faltaba el tercio inferior de la composición, no pudimos advertir la firma y la fecha que presenta la obra en el ángulo inferior derecho: "F. Pradilla Ortiz. Año 1909". La fecha propuesta entonces fue la de 1902, por haber creído que se trataba de la acuarela que se expuso en el Salón Amaré
 
Vejez (1901)

de Madrid en este mismo año, que podría hacer pareja con otra acuarela, con la misma modelo e indumentaria, que aparece fechada en 1901, titulada Vejez (RINCÓN, 1999, cat. núm. 476).

Las grandes facultades para la técnica de la acuarela de las que estaba dotado Pradilla se ponen de manifiesto en la ejecución de esta sorprendente obra. La mujer cubre su cabeza con el típico paño plegado de las mujeres romanas y sobre el mismo un pañuelo anaranjado que se deja ver en su caída sobre el pecho y la manta de grandes listas que vemos habitualmente en la indumentaria de los personajes pintados en las escenas de las Paludes Pontinas. El corpiño rojo, abierto, que se ciñe con trenzaderas de cuero, deja ver la blanca camisa sobre la que destaca un collar de cuentas azules y negras. En el medallón-relicario que tiene prendido al pecho parece identificarse al santo con San Lorenzo, aunque puede tratarse de otro diácono mártir. En el fondo, de colores pardos, encontramos unos estallidos de luz, pudiéndose tratar, tal vez, de fuegos de artificio.

La atención del espectador se centra pronto en el rostro y en las manos de esta mujer anciana. Ya hemos destacado, en distintas ocasiones, la facilidad del aragonés para captar no sólo los rasgos físicos de la retratada, sino la sorprendente penetración sicológica que hace del modelo, tal como se pone de manifiesto en esas facciones endurecidas por los años y por el sufrimiento de una vida nada fácil, y en esos ojos lejanos y cansados que tal vez nos evocan, otros momentos y otras personas, ya lejanas. Su mirada es tan viva y penetrante que, cuando la observamos un rato, nos llega a desconcertar. Parece como si nos persiguiera. Sin embargo, sus manos, ya huesudas y cansadas por el trabajo, se sujetan una a otra con los últimos hálitos de fuerza.