Oteiza, Jorge (Guipúzcoa, 1908 - San Sebastián, 2003)
Cuando a principios de los años 50, Jorge Oteiza fue seleccionado junto con el arquitecto Sainz de Oiza para desarrollar la estuaria de la obra de la basílica de Aránzazu resultó ser esta noticia la mayor felicidad de su pobre vida en palabras del propio escultor, no en vano, significaba en muchos sentidos la oportunidad de realizar artísticamente sus teorías estéticas: de una parte, fomentar el concepto antropológico de arte religioso al que siempre había vinculado su escultura y por otra parte promover una estatuaria dentro de los cánones de la escuela vasca y de su particular visión del vasquismo.
La obra de Aránzazu suponía además su integración definitiva en el marco de la escultura Vasca y la posibilidad de realizar en contraste a la obra de Sainz de Oiza el desarrollo arcaísta de una ocupación que venía realizando desde el final de la guerra Civil.
El estilo que realiza en la obra de Aránzazu y en las obras que presentamos en esta exposición se desarrolla durante los años 50, con obras de marcado carácter popular y con fuertes connotaciones espirituales. |
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Jorge Oteiza ante sus 14 Apóstoles. |
Los 14 Apóstoles (incluye a Judas y a Matías) se presentan desventrados, con grandes huecos como los que produce el hielo de forma natural al deshacerse abiertos en ellos, mostrándoles como aquellos que se abren a los demás despojados de sí mismos y por sus poderosas y monolíticas formas como los guardianes del templo. Sobre éste friso, y coronando la cresta de la fachada, la dramática Piedad con el Hijo de Dios muerto a sus pies.
En esta época Oteiza trabaja el hueco en dos direcciones expresivas contrapuestas: la expresividad del hueco en el volumen, rasgo este que será principal en todo el desarrollo de su obra figurativa a partir de los años 50 y de la obra de Aránzazu.
Y el hueco como vacío activo, activado por los restos del volumen, al que invade sustituyendo su protagonismo y que será la base de su investigación escultórica de 1956-1958, en la que se pretenderá eliminar cualquier efecto expresivo, sentimental y simbólico. Por estos motivos Oteiza realizará la obra y el estudio de esta con una gran dedicación y empeño desarrollando su trabajo de forma sistemática, método de trabajo que resultaría ser toda una novedad dentro de la obra de arte moderna y que después llevará hasta sus últimas consecuencias en su obra de los años 1956 - 1958.
El desarrollo de la obra de Aránzazu se alargará por espacio de mas de 15 años, no viendo el final hasta el año 68, en parte por la aplicación del hueco que hace Oteiza en esta su obra. Podemos leer en su obra Ejercicios espirituales en un túnel, como el delegado de la comisión pontificia de Roma, Monseñor Constantini se quejaba de que "parecía como si a los monjes se les hubiese arrancado las tripas" y declaraba las esculturas de Oteiza como vergonzantes. En un suceso sin precedentes en la realización de ninguna otra Iglesia en España, la intervención de una Comisión |
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Pontificia, mantuvo las obras paralizadas durante dieciocho años, en los que se tildó de profanaciones a unas obras que hoy se exhiben entre lo más sobresaliente de la escultura Europea contemporánea en el museo del Vaticano, y que solo se reanudarían a instancias del mismo Papa Pablo VI.
Esta obra consituye la muestra más principal de arte religioso del S XX, al menos en España, y pertenece a un estado de conocimiento que ya prácticamente no se da, lejano del pensamiento actual, que para el artista moderno y para su cliente se ha convertido en dogma, el de los problemas formales, como mas importantes que los relativos al significado, hecho este al que se opone Oteiza en la ejecución de esta obra. En cuanto a la conclusión de la obra de arte, sobre Oteiza a gravitado el peso de un basto conocimiento de la escultura, de las artes decorativas, de las artes clásicas, y de la tradición primitiva pero sin uno de los vicios actuales de los cultivadores de las ciencias de la estética y las artes, el de no empequeñecer la idea de realidad, identificándola con una mera imitación fotográfica, ni rebajar la idea de utilidad al no perder la fe en gran parte de los valores simbólicos, ya mágicos ya religiosos ampliando su visión aunque parezca grotesco hasta la percepción libre de un hombre primitivo, al desproveerse de todo el bagaje cultural que era una carga, evitando así acudir al arte moderno para estar en la línea de la teoría, y permaneciendo del lado de la vida.
Jorge Oteiza decía que la muerte le rondaba con su "dulce cercanía" y el 9 de abril de 2003, finalmente tras una larga enfermedad se lo llevó a los 94 años, en la Policlínica de San Sebastián. Con su muerte, la estética de vanguardia pierde a uno de sus principales renovadores. |