Ortiz, Manuel Ángeles (Jaén, 1895 - París, 1984)       

Manuel Ángeles Ortiz nace en Jaén un trece de enero, pero con sólo tres años se traslada a la que sería su ciudad, Granada. Lejos de ser un buen alumno el Manuel Ángeles Ortiz, salvo en los ejercicios de escritura, deja mucho que desear como estudiante. Tras su paso por Barcelona vuelve a Granada y comienza su formación en el estudio de José Larocha. Por las noches, igualmente, asiste a clases de dibujo en la Escuela Superior de Artes Industriales.

Entre sus amigos de este primer período de su vida conoce a García Lorca, llegando a afirmar este último que “la poesía de su pintura y la pintura de su poesía, nacen del mismo manantial”.
 

Más tarde marcha a Madrid para estudiar en el taller de Cecilio Pla, donde establece contactos (Valle-Inclán, Gómez de la Serna, Romero de Torres), etc... En 1915 hace su primera exposición en grupo con Ramón Carazo y se va consolidando en el mundo intelectual madrileño. Hacia 1918 confiesa su atracción por el cubismo. Se casa en 1919 con Francisca Alarcón. Un año más tarde tiene una hija, pero eso no le impide continuar el contacto con sus amigos, en especial con  Federico García Lorca, quien dedica un poema al pintor. Al poco muere su esposa, lo que sume en un estado de depresión. Vuelve a Granada, pero como empieza a viajar de forma compulsiva entre Málaga, Algeciras, Francia. Allí establece una relación de respeto mutuo con Picasso.
           
Pronto el surrealismo hace cala en su concepción estética. Escribe Manuel Ángeles Ortiz: “Mi pintura de impregnación cubista, fue evolucionando dada la atracción que ejercían en mí ciertos postulados surrealistas; me atraía su lirismo enigmático, no sus aberraciones morbosas de sujeción psicopática”. Esto no obsta para que siga relacionándose con maestros del cubismo, pero también amistades como la de Buñuel (para quien trabajó en un anuncio), Tzara, Aragon, Eluard, Picabia, Breton, etc...
           


Manuel Ángeles Ortiz, en su estudio de París. 1951.

En 1926 realiza su primera exposición personal en París en Quatre Chemins. De aquí en adelante sus exposiciones individuales se convierten en algo usual, lo mismo que las colectivas. No es casual que Manuel Ángeles se integre con rapidez en el grupo español de la “Escuela de París”, en donde figuraban personas de la talla de Miró, etc. Y no menos enriquecedora hubo de ser su relación, años después, con el Lorca de La Barraca.         
           
En 1936 la guerra le sorprende en Madrid, donde se estaba examinando por la Escuela Superior de Pintura de San Fernando. Rápidamente toma partido por la República y se integra en la revista El Mono azul llevada por la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Va a Barcelona, donde llega a hacer figuras con migas de pan y jabón. Tras acabar la guerra se exilia en Francia, si bien no logra huir de la estancia en el campo de concentración de Argèles-sur-Mer. Con la intervención de Picasso consigue que el ministerio del interior ordene su liberación, y le envía a su amigo un giro de mil francos. Vuelta a París, se reencuentra con los amigos y se traslada de la mano de Neruda a Chile, para más tarde partir a Argentina. Los años cuarenta están marcados por estas visitas a los amigos y por los viajes (Asia, Oriente Medio). Pero fue Buenos Aires o mejor dicho, el Río de la Plata, Los lagos del Sur, etc.. los que originan la pincelada naturalista de Manuel Ángeles.

Desde entonces su vida vuelve a ser un ir y venir de exposiciones individuales y colaboraciones en revistas, de poemas dedicados, entre los que destaca el de Rafael Alberti (legible en el catálogo Entornos). En 1972 inicia su célebre ciclo de cabezas, en los cuales una de sus virtudes es que “si gira en redondo, podría quedar colocado en cualquier posición de sus lados”. Un año después realiza un libro caligrafiado y titulado Prosa lírica de Federico García Lorca manuscrita y decorada a la témpera por Manuel Ángeles Ortiz. La enumeración de las numerosas exposiciones que lleva a cabo podría ser tediosa, por lo que citaremos la colectiva “30 autores españoles de la Escuela de París (1900-1950).

Fallece en París el 4 de abril, es enterrado en el cementerio de Montparnasse y, de acuerdo con su última voluntad sus restos se trasladan a Granada.El  Ministerio de Cultura le otorga el Premio de la Pintura, dentro del Palmarés Nacional de Artes Plásticas en 1981.