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PARA
UN RETRATO DE IÑAKI MORENO RUIZ DE EGINO
Texto de
Juan Manuel Bonet
Del donostiarra
Iñaki Moreno Ruiz de Egino, como yo de la quinta del 53,
tengo por lo menos tres imágenes, que se me agolpan en la
memoria a la hora del retrato: la imagen del pintor -y en ocasiones
escultor- geométrico, la del investigador y crítico
de arte y comisario de exposiciones, y la del pintor figurativo,
por el lado "romanticismo del norte", por decirlo con
Robert Rosenblum, faceta esta última que pude entrever fugazmente
en 1993, en la pequeña y desconcertante muestra que en torno
a sus marinas organizó el para mí muy querido Museo
Gustavo de Maeztu de Estella. A la hora de estas breves líneas
de presentación de la próxima individual madrileña
del principal de los Iñaki Moreno Ruiz de Egino, el pintor
geométrico, echo mano de mis recuerdos, y también
de algunos textos sobre él que tengo a mano, entre los que
me interesan especialmente los de dos amigos comunes: Miguel Sánchez-Ostiz,
que ha sabido decir la atmósfera reinante en el estudio del
"gabinete del geómetra" en Fuenterrabía,
y también su búsqueda de lo esencial, y Javier Barón,
siempre tan atento, a diferencia de tantos otros historiadores y
críticos de nuestro entorno, a todo lo que tenga que ver
con la geometría.

Construcciones
relacionales ha bautizado Iñaki Moreno Ruiz de Egino sus
últimas pinturas constructivas. Tenazmente, este amigo del
silencio, de la concentración, de la intimidad callada, de
las formas del silencio sosegado, de la contemplación concreta,
de los ejercicios de curación visual -¡qué gran
titulo este último, y qué titulos más ajustados
los de estas series que acabo de citar, en cursiva!- vuelve una
y otra vez a interrogar unos cuantos esquemas geométricos,
dentro de un arte de la quintaesencia, de la repetición,
de la variación sobre un mismo tema. Su actitud, en ese sentido,
tiene bastante que ver con la de otros dos geómetras contemporáneos
a los que también he frecuentado estos últimos años,
y me estoy refiriendo a la francesa y veterana Aurélie Nemours,
y a Angel Guache, cuyos poemas geométricos, que pese a su
titulo son cuadros y no composiciones en verso, tanto le interesan
también a Javier Barón.
Desde 1976, y dejado atrás el inicial informalismo de sus
años zaragozanos de formación, lo principal del tiempo
como artista de Iñaki Moreno Ruiz de Egino ha estado dedicado
a una ortorgonalidad de raíz mondrianesca, a las tintas planas
-con preferencia por los negros, los grises, los azules-, a la definición
de planos de cuya relación nace ese ente autónomo
llamado cuadro. A la vez, nada de "programas", de manifiestos,
de dogmas: para él el rigor siempre ha sido compatible con
la libertad, algo que lo ha conducido a trabajar en ocasiones a
partir de las formas de arquitecturas rurales o de elementos de
utillaje de su tierra, o que, en clave más paradójica
para un constructivista, lo ha llevado a la suprema libertad que
se tomó cuando aquella exposición de 1993 en Estella,
tan neblinosa y, sí, romántica, y por algún
lado tan barojiana.
El Iñaki Moreno Ruiz de Egino geómetra llega ahora
a Madrid, con un cargamento de sus cuadros últimos, rigurosos,
sensibles, equilibrados, cargados de tensión espiritual,
y ante los que estamos invitados a concentrarnos, como nos concentramos
escuchando, en el silencio de la noche, una pequeña música.

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