GOENAGA MENDIOLA, Juan Luis
(San Sebastián 1950)
Pintura, Dibujo, Fotografía, Escultura. Alkiza (Gipuzkoa)
Se puede afirmar, con excepción de su experiencia en la Escuela de Artes Aplicadas Massana de Barcelona en 1968 y unos años en el Centro de Artes de París, en los que estudió el arte del grabado y escultura, respectivamente, que se está ante un pintor de formación autodidacta, marcado, entre otros muchos influjos foráneos, por el grupo Ur. En la década de los setenta comienza a recorrer Europa, —de hecho, es en París donde consigue formar parte de una muestra colectiva en el American Center For Student and Artist. Es a lo largo de estos años en el extranjero cuando se pone en contacto con otras estéticas contemporáneas y clásicas (como la italiana) que, lejos de distanciarle de su lugar de origen, le llevan a interesarse por el arte popular y el pasado histórico vasco. Tras una fuerte crisis en 1972 llega al año siguiente realiza su primera exposición individual en el Museo de San Telmo de San Sebastián. Desde entonces su carrera profesional se consolida, comienza las grabaciones en super-8 con artistas como Ramón Zuriarrain de lienzos de gran formato en los que los cuerpos femeninos se integran en el paisaje; visita con frecuencia Bilbao para observar el paisaje urbano en su serie “Katástrofes”; se interesa por los Personajes porno, en donde se recupera su mejor surrealismo; etc. y en 1985 recibe el Primer Premio en la I Bienal de Artes Plásticas de San Sebastián y dos años más tarde el premio Gure Artea del Gobierno vasco.
La crítica coincide en señalar una primera etapa de abstracción, con ecos surrealistas y un fuerte apego a la naturaleza y las formas orgánicas. De hecho, en 1976 su interés por la naturaleza se ahonda y tematiza. Trabaja de noche, duerme durante el día, queda sacudido por la literatura underground y nocturna. Este ritmo de trabajo tiene como fruto la serie de grandes formatos 2 x 2, en el que las sombras , los negros y los marrones crean juegos de sombras y van preparando la paleta cromática más conocida del pintor. De este modo, dominan los colores en torno al ocre y se aprecia una materia empastada. Será en la década de los ochenta cuando incorpore la figura humana a sus cuadros de manera contundente. Los ocres pasan a ambientaciones urbanas cargadas de color. Estos cambios han llevado a que Calvo Serraller hable de la influencia de Giacometti y del cromatismo del primer Kokoschka. La gestualidad y el trazo violento del expresionismo alemán no dejan incólume su obra, lo que se aprecia en lo matérico de su pintura, sin que esto suponga arrinconar su gusto por la primera gama de colores que empleó.
Después de recibir el premio Gure Artea del Gobierno vasco en 1987 vuelve a París y continúa su investigación expresiva. En este caso el rasgo principal es la incorporación de materiales y objetos diversos (resinas, redes), a fin de lograr un vínculo estrecho entre la vida y su valor orgánico.
En la década de los noventa se observa un retorno a lo primitivo, a temas como el paisaje y la naturaleza y el empleo de colores más oscuros que, capa tras capa, van alcanzando relieves y ponderan lo táctil de su obra. Ángeles, antropoides, cabezas de simios se observan en su serie “Románico” y como si de una continuación de lo anterior se tratase presenta las “Geologiak”: “repertorios compuestos de calzadas, piedras, minerales y fósiles, paredes y estratos geológicos resueltos en matéricos ocres azules.
Como si de una temática no culminada, retorna al cuerpo femenino, ahora con ecos africanos y orientales protagonizados por su mujer.
Asimismo, Juan Luis Goenaga ha mostrado interés por la pedagogía artística, lo que le ha llevado a impartir un taller de pintura en Arteleku (1993) y diez años más tarde en la Fundación Bilbao Arte y en la Sala Kubo del Kursaal.
En sus títulos más recientes la luminosidad del rojo, el verde o el azul, con toda su preñez matérica, son los que le conducen a abandonar la abstracción.
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