|
|
Junto a Picasso
y Braque es uno de los máximos representantes del cubismo. Mientras
el primero es considerado como el creador, a Gris se le otorga la
gracia de haberle infundido al movimiento cubista un sello propio
indiscutible. Inició su formación en la Escuela de Artes e Industrias
de Madrid para pasar más tarde como aprendiz al obrador del pintor
José Moreno Carbonero, quien contó entre su distinguido alumnado
con discípulos tan aventajados como Picasso o Dalí. Comienza su
trayectoria profesional como colaborador de las revistas Blanco
y Negro y Madrid cómico con una serie de dibujos en los que es perceptible
la influencia del modernismo. En 1906 llega a París y continúa su
faceta de dibujante en las revistas francesas L'Assiette au Beurre
o Le Charivari. En el ambiente parisino de la época traba relación
con Picasso, Kahnweiler o el escultor Laurens. En sus primeros lienzos
destaca como protagonista indiscutible el bodegón o naturaleza muerta,
género en el que el pintor se detiene en el cuidado de la estructura
compositiva y el aspecto volumétrico como elementos configuradores
de la obra plástica. Queda patente en estos momentos primeros la
herencia cezanniana. Su constante investigación estética le lleva
por los caminos ya recorridos por Picasso y Braque, y hacia 1913
su pintura se engalana de motivos tan reiteradamente venerados por
aquéllos como las botellas, las guitarras o los violines, que en
su pincel se descomponen en el espacio yuxtaponiendo diferentes
puntos de vista de los objetos y que, conformando obras propias
del cubismo contemporáneo, sin embargo, nos están anunciando ya
la pureza, la intelectualidad y el dogmatismo de Gris, lo que le
convierte en el artista puro y riguroso que le diferencia del resto
del grupo. Entre 1915 y 1919 se sucede la etapa que ha sido considerada
como la mejor época del artista, por lo que puede proclamársele
según algunos teóricos como el maestro del cubismo sintético. En
esos años se concentran tanto la llamada etapa arquitectónica como
la clásica. Se trata de un período muy fructífero en el que Gris
parece retornar a un mayor sintetismo; los arlequines de gran potencia
plástica se acomodan en sus lienzos bañados de un aire de melancolía.
A partir de 1920 colabora con Diaghilev en decorados y vestuarios
de sus ballets y da comienzo su última etapa, en la que el creador
se aleja tímidamente del cubismo aunque se mantiene fiel a una temática
de arlequines y naturalezas muertas. Juan Gris fue, además de pintor,
autor de litografías y aguafuertes, así como un magnífico dibujante.
|