GRIS, JUAN
(José Victoriano González)
(Madrid, 1887- Boulogne-sur-Seine, Francia, 1927)

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Junto a Picasso y Braque es uno de los máximos representantes del cubismo. Mientras el primero es considerado como el creador, a Gris se le otorga la gracia de haberle infundido al movimiento cubista un sello propio indiscutible. Inició su formación en la Escuela de Artes e Industrias de Madrid para pasar más tarde como aprendiz al obrador del pintor José Moreno Carbonero, quien contó entre su distinguido alumnado con discípulos tan aventajados como Picasso o Dalí. Comienza su trayectoria profesional como colaborador de las revistas Blanco y Negro y Madrid cómico con una serie de dibujos en los que es perceptible la influencia del modernismo. En 1906 llega a París y continúa su faceta de dibujante en las revistas francesas L'Assiette au Beurre o Le Charivari. En el ambiente parisino de la época traba relación con Picasso, Kahnweiler o el escultor Laurens. En sus primeros lienzos destaca como protagonista indiscutible el bodegón o naturaleza muerta, género en el que el pintor se detiene en el cuidado de la estructura compositiva y el aspecto volumétrico como elementos configuradores de la obra plástica. Queda patente en estos momentos primeros la herencia cezanniana. Su constante investigación estética le lleva por los caminos ya recorridos por Picasso y Braque, y hacia 1913 su pintura se engalana de motivos tan reiteradamente venerados por aquéllos como las botellas, las guitarras o los violines, que en su pincel se descomponen en el espacio yuxtaponiendo diferentes puntos de vista de los objetos y que, conformando obras propias del cubismo contemporáneo, sin embargo, nos están anunciando ya la pureza, la intelectualidad y el dogmatismo de Gris, lo que le convierte en el artista puro y riguroso que le diferencia del resto del grupo. Entre 1915 y 1919 se sucede la etapa que ha sido considerada como la mejor época del artista, por lo que puede proclamársele según algunos teóricos como el maestro del cubismo sintético. En esos años se concentran tanto la llamada etapa arquitectónica como la clásica. Se trata de un período muy fructífero en el que Gris parece retornar a un mayor sintetismo; los arlequines de gran potencia plástica se acomodan en sus lienzos bañados de un aire de melancolía. A partir de 1920 colabora con Diaghilev en decorados y vestuarios de sus ballets y da comienzo su última etapa, en la que el creador se aleja tímidamente del cubismo aunque se mantiene fiel a una temática de arlequines y naturalezas muertas. Juan Gris fue, además de pintor, autor de litografías y aguafuertes, así como un magnífico dibujante.

 

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