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Primera figura
del surrealismo canario. Pinta como aficionado en Tacoronte hasta
su traslado a París. Su participación en el Círculo de Bellas Artes
de Santa Cruz de Tenerife en el año 1933 parece ser el primer manifiesto
de su vinculación a este lenguaje plástico, así como de su interés
en conocer la obra de Breton y otros miembros relevantes del surrealismo.
De 1929 a 1938 se sucede una etapa artística centrada en los procesos
automáticos, en los que Domínguez destaca como inventor de las decalcomanías.
Su producción nos remite, por un lado, a los modelos típicos del
surrealismo daliniano, en los que se están latentes la fuerza y
el enigma del simbolismo, y, por otro, al cubismo de Picasso. Asimismo,
tampoco es desechable en este momento creativo el rastro de la pintura
metafísica de De Chirico. Su trayectoria pictórica se encamina hacia
los años cuarenta a un estilo, que se ha denominado esquemático,
basado en la utilización de una gama cromática de mayor austeridad
que queda delimitada por el trazo blanco y negro y que manifiesta
una mayor preocupación por las composiciones serenas y estructuradas
de las que adolecía su anterior trabajo. Una nueva transformación
se revela a mediados de los cincuenta cuando abandona definitivamente
lo figurativo para abrazar de lleno la abstracción que envuelve
sus composiciones. Domínguez, tras una grave crisis personal, se
suicida en París el 31 de diciembre de 1957.
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