Chillida, Eduardo (San Sebastián, 1924 - 2002)

En el año 1943 inicia sus estudios de arquitectura en Madrid, aunque los abandona cuatro años más tarde para dedicarse de lleno al dibujo y al modelado. En su viaje a París en el año 1948 entabla amistad con Pablo Palazuelo. Sus primeras obras figurativas, esculpidas en piedra o yeso, conjugan la influencia del arcaísmo griego y la huella contemporánea de Henry Moore. Pero Chillida pronto deja a un lado lo antropomorfo para irrumpir de lleno en la abstracción.

 

En el año 1950 su traslado a San Sebastián, y su estancia definitiva en Hernani, le permiten entrar en contacto con el dominio de un material que hasta ahora le era desconocido, el hierro, combinado junto con la tradición artesanal vasca, donde descubre una vía fecunda de experimentación. Nos encontramos entonces en el umbral de una nueva era escultórica en su producción: el camino definitivo hacia la escultura abstracta o no figurativa. En este sentido, se nos presenta como un continuador de las experiencias de Pablo Gargallo o Julio González, al mismo tiempo que hay un referente a los escultores internacionales de los cincuenta como David Smith.
Su observación de la naturaleza le lleva, hacia 1963, a la plasmación de lo representado a través de la utilización de otros materiales como la madera, el alabastro, el hormigón, el barro o, más recientemente, la porcelana. Últimamente trabajó con piedras de granito de la India, que le interesaban por su textura y dureza y que el propio artista seleccionaba personalmente en las canteras hindúes.