Ceccobelli, Bruno
Todi, Italia, 1952

Bruno Ceccobelli fue alumno de la academia de Bellas Artes de Roma. En sus inicios se inspiró en el Body Art, expuso en la Galleria Spazio Alternativo, gestionado por los propios artistas, y allí se relacionó con el resto de miembros de la Nueva Escuela Romana, lo que permitió la gestación de dicho movimiento. Durante este primer tramo de su obra, Ceccobelli se consagra a la abstracción teórica a través de las recuperaciones del ready made y de la manipulación de los medios tradicionales, sumergiendo dicho caudal, y de acuerdo con su deseo de permanente búsqueda, en una expresión simbólica.

Esto no supone el rechazo de toda la tradición, como hicieran Tzara y sus compañeros de viaje, sino que Ceccobelli incorpora distintos elementos de movimientos como el citado con el surrealista, etc. sumergiéndolos en una expresión personal en la cual la atmósfera mágica, el significado alquímico y el uso de lo mitológico son las claves para acceder a la obra de un artista que tampoco duda en denunciar determinados hechos reales como la tortura en la muestra que aquí se presenta. Por todo ello su obra se ha relacionado a menudo con la simbología junguiana, lo que supone la apertura a nuevos significados y la  posibilidad de ser entendido por generaciones futuras, en la medida en que apela a símbolos universales.

Se ha hablado de él como un “revelador de los orígenes, de los impulsos primeros y de las realidades esenciales de la conciencia del mundo”. Este prisma es el que le permite conectarse con la analogía universal, en la elementos como la muerte o el “horror vacui” atenúan e incluso anulan su agresividad. De este modo, sigue Bernardo Pinto, “Ceccobelli indaga en la memoria universal (...) [aquella] en que se conjugan los sentimientos del presente y del pasado como modo de extensión de una obra en la que el tiempo se alarga dada su potencialidad histórica y el ingreso en el ámbito de lo mítico.

El mismo hecho de que se incline por una cultura no sólo occidental, ya trasluce una postura  política. Sus fuentes mitológicas proceden de fuentes tan diversas como la cultura clásico-mediterránea o la mística oriental, en aras de lograr un modo alternativo de conocimiento (lo no visible), cuya guía moral básica apele a la conciencia del hombre actual.
Expuso en 1986 en la Bienal de Venecia en las secciones de “Aperto” y de “Arte e Alchimia”, muestras con las que recorrió Nueva York, Roma y Madrid; y en el mismo 1988 se presenta en el Caffè Florian 777 obras de dimensiones pequeñas como partes de una gran instalación.
           
Desde sus inicios el número de ciudades en las que ha expuesto es incontable (Venecia, Roma, Viena, Barcelona, París, Boston, Amsterdam, etc.). De entre ellas hay que destacar la muestra individual de 1999 “Trascorsi di asfalto” por la presentación que hizo de ella un experto en su pintura, y la individual “Classico Eclettico”, que le consagra definitivamente, en el Museo Arqueológico de Villa Adriana en Tivoli (1952), en la que se puede observar perfectamente su conciencia simbólica como un modo de lenguaje alcanzable por unos pocos, que habrán de conocer y haber interiorizado todas sus claves. No obstante, tampoco deben olvidarse otras muestras como las de Nueva York, Frankfurt, Montreal, etc.

En síntesis, nos quedamos con las palabras de Bernardo Pinto de Almeida, en las que se habla de la voluntad sacra de su obra, a fin de encontrar, en lo no visible, una patria icónica, fragmentaria, y deseosa de un absoluto.