ALINARI, Luca
(Florencia, 1943)

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Las magias de Luca Alinari

"Hay un cierto misterio en aquellas dos figuras femeninas, como si fuesen galaxias suspendidas en el espacio, mientras la pequeña Tierra flota por encima de ellas.
Es una pintura atractiva, con algo de secreto que no se deja desvelar por completo".
(José Saramago sobre "Reloj Hembra" de Luca Alinari)


Las magias de Luca Alinari son fuente continua de desconcierto, admiración, sorpresa. Es como si él, doctísimo y elegantísimo pintor, hiciera de todo para evitar a quien lo observa. Y cuanto más lo miras, más se aleja. En cambio, todo debería llevarnos en sentido contrario. Su extraordinaria pincelada define formas dúctiles y sutiles, marcadas por un estilo personalísimo e inconfundible. Cada obra lleva un título que debería concretar de manera circunstanciada sus contenidos. Pero eso no sucede. La relación entre el título y la imagen es enajenante y desconcertante, incluso no está muy claro si la imagen debe o puede ser descifrada como enigma o ironía, explicación o encubrimiento. Es indicativo que en el año 2000, con ocasión de la espléndida exposición de Alinari en ese lugar mágico que es Porto Venere, hayamos podido leer en el catálogo testimonios, escritos en momentos diversos, de dos grandes escritores nuestros como son Domenico Rea y Raféale Nigro, que reflejan aproximaciones a su arte totalmente diferentes, y aun así ambos justificados por una finísima sensibilidad y agudeza crítica. Nigro sostiene que "en la falsa alegría de las obras bucólicas de Alinari se celebra la infelicidad del mundo asesinado por el progreso" y tiene muy buenos motivos para expresarse en este sentido, mientras que Rea dice que "un cuadro de Luca Alinari en una casa es una señal de paz". Estamos de acuerdo con esta última tesis que en el fondo no contradice del todo la idea de Nigro, pues en la obra de Alinari, chispeante y tersa se refugia siempre una especie de solemne e íntima contrariedad.
Este hombre que escruta con paciente atención las bellezas de la Naturaleza, que juega con las palabras y con los símbolos, tiene la gran sabiduría y profundidad del niño que se dedica a sus fantásticas operaciones total y radicalmente absorbido por ellas. Los juegos no son diversión, sino síntesis del mundo y de nuestra misma percepción. La aérea levedad de Alinari es, en cierto sentido, la insostenible levedad del Ser que arrastra a cada individuo a este mundo particular, como en el viaje de Alicia en el País de las Maravillas, con la mirada pasmada de un superviviente de la Beat Generation desembarcado en un universo imposible pero paralelo al real y donde vive cómodo y satisfecho.
Quienes caen dentro han de aceptar las reglas y moverse allí ágilmente, cargados de recuerdos y memorias que no se recuerdan con claridad, donde nos parece que hemos estado ya pero sin claras referencias. Un universo en cierto sentido encantado. Un posible modelo en el gran espacio estético dentro del que disfrutamos parándonos.

Salvatore Italia
Director General del Ministerio
de los Bienes y las Actividades Culturales

 

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