Las
magias de Luca Alinari

"Hay
un cierto misterio en aquellas dos figuras femeninas, como si
fuesen galaxias suspendidas en el espacio, mientras la pequeña
Tierra flota por encima de ellas.
Es una pintura atractiva, con algo de secreto que no se deja desvelar
por completo".
(José
Saramago sobre "Reloj Hembra" de Luca Alinari)
Las
magias de Luca Alinari son fuente continua de desconcierto, admiración,
sorpresa. Es como si él, doctísimo y elegantísimo
pintor, hiciera de todo para evitar a quien lo observa. Y cuanto
más lo miras, más se aleja. En cambio, todo debería
llevarnos en sentido contrario. Su extraordinaria pincelada define
formas dúctiles y sutiles, marcadas por un estilo personalísimo
e inconfundible. Cada obra lleva un título que debería
concretar de manera circunstanciada sus contenidos. Pero eso no
sucede. La relación entre el título y la imagen
es enajenante y desconcertante, incluso no está muy claro
si la imagen debe o puede ser descifrada como enigma o ironía,
explicación o encubrimiento. Es indicativo que en el año
2000, con ocasión de la espléndida exposición
de Alinari en ese lugar mágico que es Porto Venere, hayamos
podido leer en el catálogo testimonios, escritos en momentos
diversos, de dos grandes escritores nuestros como son Domenico
Rea y Raféale Nigro, que reflejan aproximaciones a su arte
totalmente diferentes, y aun así ambos justificados por
una finísima sensibilidad y agudeza crítica. Nigro
sostiene que "en la falsa alegría de las obras bucólicas
de Alinari se celebra la infelicidad del mundo asesinado por el
progreso" y tiene muy buenos motivos para expresarse en este
sentido, mientras que Rea dice que "un cuadro de Luca Alinari
en una casa es una señal de paz". Estamos de acuerdo
con esta última tesis que en el fondo no contradice del
todo la idea de Nigro, pues en la obra de Alinari, chispeante
y tersa se refugia siempre una especie de solemne e íntima
contrariedad.
Este hombre que escruta con paciente atención las bellezas
de la Naturaleza, que juega con las palabras y con los símbolos,
tiene la gran sabiduría y profundidad del niño que
se dedica a sus fantásticas operaciones total y radicalmente
absorbido por ellas. Los juegos no son diversión, sino
síntesis del mundo y de nuestra misma percepción.
La aérea levedad de Alinari es, en cierto sentido, la insostenible
levedad del Ser que arrastra a cada individuo a este mundo particular,
como en el viaje de Alicia en el País de las Maravillas,
con la mirada pasmada de un superviviente de la Beat Generation
desembarcado en un universo imposible pero paralelo al real y
donde vive cómodo y satisfecho.
Quienes caen dentro han de aceptar las reglas y moverse allí
ágilmente, cargados de recuerdos y memorias que no se recuerdan
con claridad, donde nos parece que hemos estado ya pero sin claras
referencias. Un universo en cierto sentido encantado. Un posible
modelo en el gran espacio estético dentro del que disfrutamos
parándonos.

Salvatore
Italia
Director General del Ministerio
de los Bienes y las Actividades
Culturales