ALBERTO ACINAS
(Palencia, 1977)

La vocación pictórica de Alberto Acinas se remonta a la infancia, cuando se dedicaba en el colegio a pintar sillas y mesas. No obstante, siempre contó con el apoyo de sus padres para el desarrollo de su vocación. Durante años emplea colores llamativos y herramientas simples pero significativas posteriormente: las ceras, los rotuladores de punta muy ancha, con el deseo de atrapar al espectador en cuestión de segundos. Ingresa con dieciocho años en la Facultad de Bellas Artes. Allí pasa a la pintura al óleo sobre lienzo, si bien el deseo de crear en el otro un estímulo inmediato no desaparece. El hecho de estudiar la primera mitad de la carrera en Salamanca (donde fue seleccionado para el I Premio San Marcos) y la otra mitad en Cuenca le ha supuesto heredar visiones diferentes y complementarias del fenómeno artístico.

Fue en esta última ciudad donde expone individualmente (1998), lleva a cabo murales de gran tamaño y establece unas amistades con las que comparte una cierta sensación de grupo (de hecho, se les conoce como el “grupo de Cuenca”), pero siempre reservando su marcada individualidad. Hoy en día ha comenzado a rastrear el mundo de los volúmenes para que el objeto sea más impactante, como ocurría con la plastilina de la infancia. La potencia del modelado, de nuevo, para atentar contra la supuesta tranquilidad del espectador. Acinas busca suscitar una impresión parecida a la experimentada por él en la exposición de las “Crucifixiones” de Saura, con las obras expresionistas de Baselizt y dentro del Grupo Cobra con la figura de Karel Appel. En la actualidad vive en Madrid, ciudad en la que ha expuesto en la galería de Valle Quintana, en varias colectivas en el Centro Cultural Conde Duque, en el teatro Ensayo 100, en la facultad de Bellas Artes, etc. Asimismo pueden verse algunos de sus trabajos en la galería Mad is Mad.

Su carácter autodidacta le permite también fijar su atención en otros campos artísticos como el musical, en el que se decanta por la música electrónica, hecho que, de nuevo, le mantiene en la dureza de lo marginal. Sin embargo, con el sobrenombre de ORMO ha dado conciertos, ha hecho autoediciones sonoras y diseñado carteles de música electrónica y experimental.

Entre sus trabajos señeros figuran la creación de la portada del LP silabario de Pauline en la playa y la de decorados para la película de Julio Medem Caótica Ana.